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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Aparente calma en Las Redes del Valle. Sus habitantes llevan días sin  sobresaltos desde que se fueron las últimas cámaras de televisión. Gran concentración de gente en el salón de belleza de la Pilu y a partir de ahora se prevé ocurrirá lo mismo a la puerta de la farmacia. ¿Por qué?...


Catalina: “¿Qué se supone que estamos haciendo aquí?”

Doña Mercedes: “Tu calla y vigila”

Catalina: “Usted  no está  bien de la cabeza. Si vive con su hijo, ¿Por qué no le pregunta directamente con quien sale? No creo que le haga mucha gracia descubrir que a sus 50 años su madre todavía le espía.”

Doña Mercedes: “No lo persigo. Sólo quiero que asuma sus responsabilidades. Si tiene un lío con la farmacéutica, ¿por qué no me lo cuenta a mí,  que soy su madre?”

Catalina: “Básicamente porque no le dejaría vivir.”

Doña Mercedes: “Ahí llega. Está entrando  por el jardín. Será cabrón. Este me va a oír.”

Catalina: “No pensará salir ahora a montarle un número delante de su novia.”

Doña Mercedes: “No, se me está ocurriendo algo mejor.”

Catalina: “No sé por qué pero intuyo  que no me va a gustar nada su idea.”

Media hora más tarde….

La farmacéutica: “Están llamando a la puerta. Déjame que vaya a abrir.”

Basilio: “Haz como que no has oído nada. Seguro que es alguien pidiendo alguna tonteria.”

La farmacéutica: “¿A estas horas? Quítate,  que tiene que ser algo urgente. Si no salgo rápido,  terminará levantándose  mi madre y no creo que le guste mucho descubrir  que estás aquí.”

Basilio: “Vale, pero date prisa. Te esperaré calentando la cama.”

………………

Catalina: “Buenas noches. Perdona que te moleste a estas horas pero es que tengo una cistitis horrible y no puedo esperar hasta mañana. Dame un sobre de esos mágicos que hay para estas cosas.”

La farmacéutica: “¿A estas horas? Pero…tendría que ir a la farmacia. Y así sin receta no puedo dárselo.”

Doña Mercedes (aparece de repente): “Mujer, no seas así. La pobre no aguanta más. Mañana pide cita  a Don Eladio, le da la receta y te la trae.”

Catalina: “¡Ay!” (Después de recibir un pisotón de Doña Mercedes) “No  aguanto más. Préstame tu baño, un momentín. Por favor, por favor, por favor.”

Doña Mercedes: “Pasa, pasa, como si estuvieras en tu casa.  Como no te va  dejar usarlo.” (Doña Mercedes entra abriendo la puerta de par en par y mirando a ambos lados mientras camina por el pasillo)

La farmacéutica: “Pero, ¿Dónde va? Hay un aseo aquí mismo. No es necesario que suba las escaleras.”

Catalina: “Gracias, gracias. Ahora salgo.”

Doña Mercedes: “¡Qué camisón más bonito! ¿Es seda natural?”

La farmacéutica: “No, es seda salvaje”.

Basilio bajando por las escaleras en calzoncillos

Basilio: “¿Ha pasado algo? ¿Por qué tar…das…tan…to...en…su…bir?”

La farmacéutica: “Pues es que…ha venido Doña Mercedes. Creo que ya se conocen, ¿Verdad?”

Doña Mercedes: “¿A ti no te da vergüenza, mal hijo?”

Basilio: “¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?”

Doña Mercedes: “Yo he venido a acompañar a Catalina que se encuentra mal. ¿Y tú? ¿También necesitabas un jarabe urgentemente?”

Con los gritos bajan también por las escaleras los padres de la farmacéutica.

Madre: “¿Ha pasado algo, hija?”

Padre: “¿Qué hace este hombre aquí? Tápese, por Dios. No ve que hay señoritas delante. Voy a llamar a la policía para que le detengan por allanamiento de morada.”

Basilio: “Pero, ¿Qué dice este hombre? Que yo no he allanado nada.”

Catalina saliendo del baño: “¿Nos vamos ya?”

La farmacéutica: “Pero, ¿Usted no estaba enferma?”

Basilio: “¿Le has visto la cara? ¡Qué enferma ni qué nada! Esto ha sido idea de mi madre para poder entrar en tu casa a vigilar. Esa sí que está enferma pero de la cabeza.”

Doña Mercedes: “No hables así de tu madre porque te doy una torta que te pongo la cara del revés.”

Madre: “¿Tienes algo con este hombre?”

La farmacéutica: “Sí, mamá. Es una amigo con el que quedo a veces.”

Padre: “¿En casa? ¿En ropa interior? ¿Lola ha cerrado el bar y no me he enterado?”

Madre: “Mira que tienes mal gusto hija.”

Doña Mercedes: “Oiga, ¿eh? Sin ofender que mi hijo está de muy buen ver.”

Madre: “Si usted lo dice. Ahora por favor, podrían hacer el favor de salir de nuestra casa y dejarnos dormir en paz. Hija, contigo ya hablaremos mañana.”

Basilio: “Sí, mamá, vamos antes de que aquí pase algo más gordo.”

Doña Mercedes: “Pues no me da la gana. Esto lo vamos a aclarar hoy mismo. ¿Sois novios o no?”

Basilio y la farmacéutica se miran sin saber qué decir.

Madre: “¿Está usted ciega? No ve que están en paños menores. ¿Qué cree que estaban haciendo? ¿Jugando a las canicas?”

Doña Mercedes: “Mire consuegra. Ni estoy ciega ni soy una moderna de esas que consiente que su hija sea un putón verbenero.”

Madre: “Uy, ¡Qué mal va a acabar esto! O sale ya de mi casa o la saco por los pelos.”

Doña Mercedes no se lo piensa dos veces y le arrea un bofetón a su hijo.

Doña Mercedes: “O te casas con ella y la vuelves decente  o te echo de casa  y vienes a vivir a este antro de perdición.”

La madre de la farmacéutica ya no aguanta más y se lanza sobre Doña Mercedes agarrándole por el moño. Las dos forcejean hasta llegar a la puerta de la calle donde ya hay congregado medio pueblo. Caen al suelo. Basilio y la farmacéutica,  que siguen sin vestirse,  intentan separarles mientras los espectadores aplauden.

En la cocina de la Casa Rural la Rosaleda.

Oscar: “¿Has oído algo sobre la que se lió anoche en el pueblo?”

Sofía: “Nooo. ¿Qué pasó?”

Oscar: “Parece ser que Doña Mercedes pilló a Basilio en casa de la farmacéutica y se lió a leches con todo el mundo.”

Sofía: “Igual por eso no han dado señales de vida todavía.”

Oscar: “Por cierto, y tú, ¿Cuándo te has hecho eso en la cabeza?”

Sofía: “Ayer en el salón de belleza de la Pilu. En realidad, no me peinó ella. Ahora tiene ayudante. Se llama Roberta Rossi.”

Oscar: “¿La hija de Marco Rossi, el italiano que vino a buscarla?”

Sofía: “La misma que viste y calza. No veas el estilo que tiene. La Pilu ha tenido un ojo.”

Oscar: “¿Comentaron algo sobre la huida de Marco Rossi? ¿Ya se sabe por qué salió por patas del pueblo?”

Sofía: “Pues como comprenderás a mí no me contó nada. A ver si sale publicado un día de estos en el blog ese que cuelgan en el ayuntamiento.”

Oscar: “Estás muy sexy. ¿Nos tomamos un descanso?”

Sofía: “No, tengo que preparar los desayunos. Estás enfermo. Siempre pensando en lo mismo.”

Oscar: “Con el hambre que paso, no sé en qué quieres que piense.”

Sofía: “Pues búscate otra”

Oscar: “No me tientes, no me tientes que…”

Sofía sale de la cocina ignorándolo.

Dos semanas antes…

La Pilu: “Dime de qué querías hablar conmigo.”

Roberta: “De mi padre”

La Pilu: “Es un tema del que preferiría no hablar”

Roberta: “Pues vas a tener que escucharme porque nunca le había visto así. Ni siquiera cuando mi madre le echó de casa y no le dejó verme durante un año.”

La Pilu: “¡Qué maja! ¿No?, ¿Tú madre hizo eso?”

Roberta: “Eso y cosas mucho peores. Mi padre me contó lo que sucedió cuando  te conoció en Italia. Nunca le había visto tan enamorado. En realidad, nunca le había visto enamorado. Mi madre y él sólo siguieron juntos durante muchos años porque mi madre le amenazaba con llevarme a otro país para que no pudiera volver a verme. Mi padre hizo mal en no contarte que había estado casado y que tenía una hija pero es lo único que no hizo bien.”

La Pilu: “¿Había estado? ¿Ya no lo está?”

Roberta: “No. Le costó años pero al final consiguió el divorcio de mi madre después de muchas concesiones. Tuvo que esperar a que yo creciera y cederle todos sus bienes.”

La Pilu: “Pero tu madre me dijo…”

Roberta: “¿Hablaste con mi madre?”

La Pilu: “Sí, un día quedé con tu padre y apareció ella. Me dio mucha pena. Me dijo que estaba muy enamorada de él y que tú lo estabas pasando muy mal porque querías que siguieran juntos. Es más, me dijo que estaba esperando otro bebé. Ese mismo día cogí un avión y me recluí en este pueblo donde mi madre había vivido cuando era joven.”

Roberta: “Ahora lo  entiendo todo. Mi madre además de ser mi madre es una bruja pero de las de escoba y todo. ¿Por qué no le contaste a mi padre cuando estuvo aquí  que habías hablado con ella?”

La Pilu: “No quise escucharle. Pasamos unos días juntos sin salir de casa y después le pedí que se fuera.”

Roberta: “Mi padre es tonto, te lo digo yo. Y encima  perdió a mi mono Amedio. Y ahora, ¿Qué piensas hacer? ¿No vas a ir a buscarle?”

La Pilu: “No puedo cerrar el salón”

Roberta: “Por eso no te preocupes. Yo me encargaré  de todo.”


www. porsinotienesmasvacasqueordeñar.blogspot.com


“¡Menudo lío en el salón de la Pilu! Si sumamos  las clientas habituales que quieren saber todos los detalles de la historia de amor de su dueña y el italiano, a las clientas nuevas que vienen al pueblo atraídas por el cotilleo y las que vienen a probar el estilo de la nueva estilista, el resultado es  una  peluquería a reventar. Da igual la hora a la que vayas, nunca hay ni un hueco libre. En ausencia de la Pilu, la chica nueva, Roberta, está revolucionando las melenas de las habitantes de las Redes del Valle. Es tan buena con las tijeras que  se ha corrido el rumor de que  trabajaba como estilista de actrices famosas en Italia y claro, ahora  todo el mundo tiene miedo a que se marche antes de haber  probado la magia de sus dedos. ¿Habrá encontrado nuestra Pilu a su Marco Rossi? Eso no lo sabremos hasta su vuelta pero lo que si sabemos es que  por nuestro Macario no tenemos que preocuparnos.  Ya ha encontrado otros brazos en los que ahogar sus penas. Otra vez tenemos al  pueblo reluciente. Las calles están limpias esperando ver a Doña Mercedes retozando por los suelos con alguna enemiga a la que agarrar del moño. Se rumorea que dentro de nada estaremos todos de boda. La farmacéutica es otra que no para de despachar aspirinas. De repente,  ¿a todo el pueblo le duele la cabeza? El único que no ha ido es Basilio. Hay quien empieza  a decir que el hombre ha emigrado a Argentina. Con una madre placaje cerca, ¿Quién le culpa?”











domingo, 23 de enero de 2011

(En el comedor de Casa Rural la Rosaleda)


Sebastián: “Buenos días, doña Mercedes.”

Doña Mercedes: “Buenos días. ¿Te preparo una infusión revitalizante?”

Sebastián: “No entiendo a que viene su comentario. Un café será suficiente.”

Doña Mercedes: “He estado pensando que sería bueno incluir en el folleto del spa el nuevo tipo de masajes que ofrecemos. Necesitaríamos una persona sólo para concretar las citas.”

Sebastián: “Veo que se ha levantado usted hoy muy chistosa. Si quiere recriminarme algo, dígamelo a la cara.”

Doña Mercedes: “Yo no soy tu madre pero tú,  sí tienes hijas viviendo aquí y les estás dando un ejemplo deplorable.”

Sebastián: “Puede que tenga usted razón pero no es asunto suyo. ¿Dónde está Isadora? ¿No ha bajado a desayunar?”

Doña Mercedes: “Eso tampoco es asunto mío.”

Sebastián (conteniendo la respiración): “Entonces iré a buscar a Enrique a ver si él sabe algo de ella.”

Doña Mercedes: “¿Las rubias se marchan hoy finalmente?”

Sebastián:
“Sí. Dejarán la habitación a las 12”

Doña Mercedes: “¿Qué pasó ayer con Hernández y Fernández y los periodistas? Esta mañana no hablaban de otra cosa en el pueblo.”

Sebastián: “Veo que me va a dar usted la mañana. Pero de eso, yo no tuve toda la culpa.
Debería hablar con Enrique para que le cuente el chisme y si no, espere usted  que ya saldrá publicado en el ayuntamiento en ese blog que la tiene fascinada.”

Doña Mercedes: “Le preguntaré a Enrique. No te preocupes…pero tendré que esperar porque ese es otro que también debería aparecer en la publicidad de la casa rural. Entre los dos la tendríamos a reventar todo el año. Luego se quejan de Isadora…pero, ¿Qué esperarán ustedes de la vida?”

Sebastián: “Me voy. Tómese usted el café porque me va a sentar mal.” (Sebastián sale de la cocina echando humo)

Doña Mercedes (asomándose a la puerta para que todavía la oiga): “¡¡¡Milagros a Lourdes!!!”



(La rosaleda)

“Por ahí viene Sebastián. El que hace dos días que no viene a hablar conmigo es Enrique. Me temo que ya sé cual es el motivo. He visto varias cabelleras rubias en la casa. Creo que se ha olvidado de mí…al menos temporalmente. Estos hombres de la casa están desatados. Después esperarán que las niñas sean sumisas y obedientes pero con esa genética…Si no viene él a contármelo personalmente espero que se levante pronto mi Gabriela y se acerque hasta aquí a escribir el resumen del fin de semana.”

(En el bar Los Contrarios no hay ni una mesa libre y son sólo las 10 de la mañana.)

Lola: “¿Tú entiendes algo, Hugo?”

Hugo: “¿Cambiaría Don Damián  la hora de misa? A lo mejor fue a primera hora y la gente ya está aquí tomando el vermouth.

Catalina: “Ponme un café bien cargado, Lola.”

Lola: Aquí en confianza, ¿Sabe usted por qué está todo el pueblo aquí tan pronto?”

Catalina: “Pero, ¿No te has enterado? Ha venido la tele.”

Lola: “¿La tele? ¿Y yo con estos pelos?”

Catalina: “Ayer me imagino que tuvierais menos gente. Estábamos todos poniéndonos  guapos en el salón de la Pilu.”

Lola: Pero, ¿Por qué nadie me dijo nada? ¡¡Hugo, ¿Tú lo sabías?!!”

Catalina: “Parece ser que en la Casa Rural hay tres rubias muy famosas pasando este fin de semana. De esas que se han divorciado este año de sus maridos. Alguien del pueblo ha debido de avisar a los paparazzi y no veas tú la que se ha montado. Hay un montón de gente con cámaras tomando fotos de todo el pueblo y hoy vienen los del programa “Húndeme”. Por eso estamos todos aquí esperando. Como se retrasen un poco no irá ni un alma a misa. Ya verás Don Damián. Es capaz de salir a buscarnos.”

Lola: “Quédate aquí Hugo. Voy a casa a cambiarme de ropa y a arreglarme un poco.”

Hugo: “No te creo.”

Lola: “Que sí, hombre, que en estos programas siempre preguntan a los del bar.”


(En el jardín de la casa frente a la Rosaleda)


Sebastián: “Buenos días, Enrique. ¿Has visto a Isadora?”

Enrique: “Buenos días. Sí, salió pronto por la mañana.”

Sebastián: “¿Cómo que salió? Y, ¿Dónde fue? No tiene coche así que no pudo ir muy lejos andando.”

Enrique: “Creo que ayer deberías haber salido en algún momento del día del spa.”

Sebastián: “¿Vas a empezar tú también como Doña Mercedes? Porque ya sería el colmo.”

Enrique: “Que no, joder. Estoy yo como para hablar. Pero ayer nuestra hija estuvo fuera todo el día. Fui a buscarla a casa del pintor de brocha gorda ese.”

Sebastián: “¿Cómo no me avisaste? Habría ido contigo.”

Enrique: “No hubiera servido de nada porque no estaba allí. A la vuelta, Gabriela me dijo que teníamos que esperar que había salido a comprar un cosa.”

Sebastián: “¿Qué cosa? Y ¿Sin pedirnos permiso?”

Enrique: “Esperé y por fin a las 9 de la noche apareció con la cosa.”

Sebastián: “Acaba ya Enrique que se me está pasando ya toda la relajación que traía de ayer.”

Enrique: “Pues la niña se ha comprado una Suzuki, para ser más exactos una Suzuki Marauder 250. Divina. Bueno…esas fueron sus palabras. Y creo que también dijo: A ver ahora como me atáis a este pueblo todo el día.”

Sebastián: “Pero…pero…pero… ¿Quién le dio el dinero? ¿Cómo ha podido hacernos esto? ¿Por qué no nos dijo nada?”

Enrique: “Ya te he dicho muchas veces que algún día pagaríamos las consecuencias de querer tenerla aquí a la fuerza y de no darle libertad. Eres demasiado retrógrado con ella. Y con Gabriela vas por el mismo camino pero como ella es más tranquila no se nota tanto.”

Sebastián: “Y ¿Dónde se ha ido? Necesito hablar con ella. Tenemos que hablar con ella, Enrique. Hay que hacerle entrar en razón. Una moto es muy peligrosa.”

Enrique: “Dijo que venía a la hora de comer. Pero, tranquilízate o será peor para nosotros.”

Sebastián: “Y si ayer no estuvo en todo el día, ¿Quién le dio el masaje a la otra rubia?”

Enrique: “Creo que se las tuvo que arreglar con Macario. Jajaja. Se los daría en los pies. Y debió de hacerlo muy bien porque la mujer desayunó hoy a las 8 de la mañana y se fue como alma que lleva el diablo. Le veo al pobre hombre todo la tarde trabajando sin parar para adecentar un poco el pueblo. En todo el día de ayer no pegó palo al agua.”

Sebastián: “¿Macario? La gente no deja de sorprenderme. Si una estuvo conmigo todo el día y otra con Macario, la rubia que falta, ¿Qué hizo?”

Enrique dando la espalda a la rosaleda: “Como ella no quería masajes…se entretuvo conmigo todo el día.”

Sebastián: “Ahora entiendo porqué está así hoy Doña Mercedes, que no hay quien la aguante. Tenemos que empezar a moderarnos, Enrique. Esto se nos va a ir de las manos.”

Enrique: “Pero, si yo siempre estoy ahí tranquilo con mis cabras y mis flores.”

Sebastián: “Pues menos mal que estás tranquilo que si no…”

Enrique: “Estas mujeres deben de estar haciendo las maletas. Deberíamos ir a despedirnos de ellas.”

Sebastián: “Creo que no va a hacer falta. Por ahí vienen. Voy a acercarme yo para que te puedas despedir de tu rubia tranquilamente.”


Programa Húndeme de la cadena Televenticinco

Presentador: “Gran exclusiva en nuestro programa. Tenemos las fotos que confirman que Patry Rotto, Liria Broster y Natalia Chemin han superado sus traumáticos divorcios. Este fin de semana decidieron ir a relajarse a un pueblo muy pintoresco de la montaña de León, Las Redes del Valle. Y cuando decimos relajarse, lo decimos en el sentido más amplio de la palabra. Demos paso al video.”

…………………..

Presentador: “Me dicen por el pinganillo  que no podemos ofrecerles este video. Me confirman nuestros cámaras que sufrieron un pequeño ataque por parte de un par de individuos del pueblo que casualmente salían en él y les han destrozado la cámara y todas las cintas que habían grabado. No entiendo como a estas alturas de la vida, todavía queda gente tan sin civilizar en el mundo. Un momento, me dicen mis compañeros que todavía nos pueden ofrecer unas imágenes que grabaron unas horas antes del incidente en el bar del pueblo. Demos paso al video.”

Karmenchu Márchele: “Hola, buenos días, ¿Podría usted confirmarnos quienes son las tres rubias alojadas en la casa rural?

Catalina: “Buenos días, me llamo Catalina y tengo la pescadería del pueblo. Vendo el pescado más fresco que se puedan ustedes imaginar. ¿Qué me preguntaba?”

Karmenchu: Que si conoce usted la identidad de las famosas hospedadas en la casa”

Catalina: “No lo sé con certeza pero como mi Sebastián esté haciendo cochinadas con alguna de ellas me la paga.”

Karmenchu: “Vamos a preguntar a la alcaldesa del pueblo. A ver si sabe algo más. Buenos días, creo que es usted la representante de este lugar tan bonito. ¿Podría confirmarnos la identidad de las famosas que se encuentran en la casa?”

Covadonga: “Tengo una amiga trabajando allí pero detesta todo este mundo del colorín así que  no tenía ni idea de quienes son. Además no han salido prácticamente de la casa en todo el fin de semana…por lo menos al pueblo no han venido. Han estado más desfogándose por el campo pero aquí hay tanto verde que no hemos coincidido con ellas.”

Jesús Merinos: “Déjalo Karmenchu. Aquí nadie suelta prenda. Tendremos que llamar a los que nos avisaron y pagarles para que nos den toda la información.”

Karmenchu: “Será lo mejor. Con esta gente no podríamos hacer ni un montaje, ni posados, ni robados, ni ná. ¡Qué gente más sosa!”

Presentador: “Mañana les ofreceremos  nuevas imágenes. Las 3 rubias ya se encuentran en la capital  y hoy intentaremos hablar con ellas para que  nos cuenten su versión de los hechos. Esperamos hayan disfrutado tanto como se rumorea. A lo mejor tenemos que visitar todos ese pueblo y su famosa casa rural…”

(En el bar Los Contrarios todo el mundo viendo el programa Húndeme)

Lucas: “¿Y eso es todo lo que sacan de nuestro pueblo?”

Lola: “Todo el mundo como locos en la peluquería y vestidos de noche vieja para que no hayan sacado nada.”

Sofía: “La culpa no fue toda de ellos.”

Oscar: “¿Qué quieres decir?”

La farmacéutica: “Creo que si Enrique y Sebastián no les hubieran arreado unas buenas leches a los fotógrafos, habrían sacado más videos pero me da a mí que no les dieron más opciones. Los que cobraron también  de lo lindo fueron Hernández y Fernández.”

Catalina: “Pobrecicos. Sólo a ellos se les ocurre llamar a la tele.”

Macario: “Esos periodistas son unos asquerosos que viven de la vida de los demás. Me parece fenomenal que les rompieran todo.”

La Pilu: “Claro… ¿Tú, qué vas a decir si eras una de las figuras estelares de la grabación?”

Catalina: ¿Eso han sido celos. Lo que todavía nos queda por ver…”










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