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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

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martes, 29 de junio de 2010

Si todos fuéramos claros y directos, ¿Cuánto tiempo nos ahorraríamos? Tengo amigos / as que mantienen relaciones de esas que consisten en perder más tiempo imaginando qué es lo que quiere o piensa el otro que en disfrutar de la relación. ¿Me llamará? ¿No me llamará? ¿Qué habrá querido decir con…? ¿Crees que le gusto?, ¿Crees que el gustó?, y un montón de preguntas que se hacen ellos mismos o a algún amigo en lugar de preguntárselo todo al interesado en cuestión que realmente es el único que sabe las respuestas.
Yo conocí a mi novio una noche en la que me negué  a darle el número de teléfono con la chulería  de: “Sí, claro…para que luego me estés dando la chapa todo la semana llamando”. Su respuesta no se hizo esperar  y una semana más tarde cuando lo encontré por casualidad ME IGNORÓ. No me podía creer que alguien fuera más chulo que yo. Me ofendí tanto que dije: “Con que esas tenemos…” Lo siguiente ya fue un ataque frontal por mi parte. Vamos lo que él quería…desde el primer día…que fuera yo como una corderina. Claro que yo,  más que corderina, soy  como un búfalo y no doy rodeos ni vueltas a las cosas. Después de unos besos de esos en los que no tuve que pensar para donde mover la cabeza ni que hacía el otro con la lengua (seguro que eso os ha pasado alguna vez), le dije directamente: “Voy a ser sincera y después de unos meses de sequía no pensarás quedarte aquí toda la noche dándonos besitos.” Respuesta: “No”. “Eso sí,  sólo 3 cosas antes de ir al tema. ¿Tienes lo que hay que tener o vamos a comprarlos ahora?” Respuesta: “Sí”. “No serás  de esos a  los que hay que decirles  lo que tienen que hacer, ¿verdad?” Respuesta: “No”. Y ya por último: “Esto es lo que es. Mañana no me vengas con que quieres casarte y tener hijos porque por ahí no…”. Respuesta: “Noooooooo”.
5 años más tarde cada uno se puede comer sus palabras pero por lo menos no perdimos el tiempo. A ver si el resto hace lo mismo…

jueves, 27 de mayo de 2010

Fui a un colegio de monjas. Las recuerdo como  señoras finas, educadas, con un culo desproporcionado comparado  con el resto de su cuerpo (las de mi generación se ve que rezaban más tiempo sentadas que de rodillas), atentando siempre contra la capa de ozono a juzgar por la cantidad de laca Nelly que llevaban en la cabeza, con un rictus a lo Esperanza Aguirre que te sonríe como la Mona Lisa pero sin mona, como si te estuviera deseando la muerte en todo momento.

Yo soy más de cagarme en la madre de uno directamente y ellas más de te sonrío, te doy una palmadita y después te digo lo hijo puta que eres pero todo con buenas palabras y cariño, mucho cariño.

La Carreño no era de esas. No recuerdo ni una buena palabra que saliera por su boca con aliento a  mandarina. Profesora de latín. Vestida siempre con un vestido de cierto pelo rojo de manga corta y un jersey cuello cisne con las  mangas a la altura del codo. “No se puede despilfarrar”. Decía constantemente. Siguiendo esa  línea de la austeridad, usaba  la misma libretita (7x7 centímetros) para anotar las notas de todos los alumnos del colegio. En cada página una clase entera y cada año lo borraba todo y vuelta a empezar. Así llevaba 20 años. Por supuesto casi nunca acertaba a poner la nota en el alumno correcto y si protestabas su única respuesta era: “No me repliques”. Y si hacías el ademán de hacerle razonar, su segunda respuesta era: “Te voy a poner un cero cuadrado para que cuando lo vea  en la libretita sepa que hiciste algo muy gordo”. Y por desgracia en ese no se equivocaba de línea. Ya tenías dos.

Podrían  haberle adjudicado  un sillón en la Real Academia de la Lengua a juzgar por todas los adjetivos que usaba para describirnos: “Pelelas, irreflexivas, groseras, barriobajeras, despistadas, veletas, rebeldes, loras, tornadizas, indisciplinadas, arbolarias, aventadas, osadas, atrevidas, descocadas, infelices, inocentes, desobedientes, irresponsables, frivolonas, brujas, monas, distraídas, peste, lanzadas, alocadas, verdularias, oreadas, pajareteras, egregias, bolígrafas, maníacas, cuan locas, derrochonas, dilapidadoras”…ahí es nada…la riqueza de su vocabulario y mi memoria. Han pasado ya 22 años… ¿Seguirá con el mismo vestido?

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