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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

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viernes, 18 de junio de 2010

Despues de semejante inicio la cosa podía llevar muchos caminos...

Es lo que tiene la interculturalidad, que el típico 'sentido común',  ese que nunca funciona, funciona mucho menos de lo esperado... Esas pequeñas cosas que tenemos tan cotidianas,  que son más mecánicas que procesadas en nuestras vidas,  va y le resultan extrañamente dificiles de seguir a otra person.  Queda asumido que no te sientes conmigo a comer, que tenga que hacer respiraciones profundas para poder andar a esa velocidad tan sumamente pausada teniendo las piernas el doble de largas que yo, si, llego a conseguir disfrutar de una conversación con mi nivelazo de inglés.

Ya cogimos un hábito: antes de dormir charrabamos hasta que nos moriamos de sueño, (bueno me moria yo, q el dormia más). Llegamos un dia, le comento que puede usar la lavadora y le explico como funciona... me hacia tanto caso que se cambió de ropa mientras yo estaba concentrada traduciendo a un idioma rarismo el más raro todavia lenguaje de mi lavadora... se habia puesto cómodo con un pareo (de thailandia), me siento en una silla mientras nos encendiamos el cigarrillo de antes de dormir y mientras estamos charrando se sienta en el sofá y se empieza a espatarrar, ese pareo tardó unos segundos en convertirse en una minifalda con apertura lateral por la cual se podia comprobar que unicamente llevaba el pareo... en ese mismo instante en el cual yo no tenia ningun tipo de deseo ni hacia él ni hacia hablar de ese tema en inglés, me faltaba techo pa mirar y no ver lo que no podia evitar ver cada vez que intentaba mirarle encima de las cejas, para hacer como si no pasara nada, que debió pensar que me habia dao un tirón en la nuca... y goodnight, buenas noches, me fui pitando a mi cama.

Ala, ahora vete a dormir con ese pareo en tu sofá, sin puerta, sin cerrojo, sin ná..... me dormí tan rápido, que si intento hacer algún tipo de danza de seducción por el pasillo ya no estaba consciente ni antes de apollar la cabeza en la almohada.

Si, huyo, pero no me salió mal porque no paso nada...pero a veces..... veo el pareo thailandés..

miércoles, 19 de mayo de 2010

“Hola gringuita, ¿sabes que eres requetebonita?”. Aunque sólo fue un susurró en el oído, sentí que  me anestesiaba  la oreja  con el aliento a alcohol. Miré a todos lados desesperadamente pero no vi ninguna mujer en 300 metros a la redonda. En un desacertado  intento  por pasar desapercibida, había elegido un atuendo perfecto para trabajar en el circo Ringlin.

Desgraciadamente, el efecto estaba siendo  justo el contrario. Es lo que tiene vestirse como si fuera carnaval. Todas las mujeres con ropa ajustada y femenina  y yo de hippie por la vida. ¿A quien iban a mirar?  Pues a la rara. Aquel hombre empeñado en  seguirme al fin del mundo y yo sin saber dónde estaba. ¡Qué barbaridad!  De repente vi  algo que me resultó familiar.  Eché a correr despendolada mientras el hombre  gritaba un montón de groserías que me pusieron los pelos como escarpias. Por aquel entonces todavía era un poco inocente…pero poco…

Milagrosamente llegué al kinder sobre el horario previsto. Estaba a salvo. Ya me preocuparía más tarde por la vuelta. 4 horas más tarde salí de allí aliviada, con el dolor de cabeza más espantoso que he tenido en toda mi vida. Resumen: Niños llorando, niños pegándose, yo idiota que dejé entrar a otros no tan niños que me robaron el poco material escolar que tenían. Gracias a Dios, algunas mujeres al oír aquel  guirigay decidieron caritativamente echarme una mano y a torta limpia sacaron a todos los mangantes que se habían aprovechado de mi estupidez.

A pesar de todo, no claudiqué. Todavía hoy lo recuerdo como uno de los sitios en los que he sido más feliz en toda mi vida. Uno nunca puede fiarse de las primeras impresiones. 

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