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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

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miércoles, 6 de octubre de 2010

“Me cansé, Vero. Me cansé de ser el feo de la clase, el tonto del pueblo, el pringado de la oficina, el pagafantas, el hombre en el que ninguna mujer se fijaría aunque  quedara yo solo sobre la faz de la tierra.  Necesito que me ayudes y que lo hagas ya. Eres la única que puede obrar el milagro…más que nada porque eres la única que ve en mi algo más que un idiota.”
“¿Qué puedo hacer yo por ti?”
“Quiero que en la próxima cena de empresa cuentes a todo el mundo que nos tomamos dos copas de más y nos acostamos juntos. Necesito que digas que soy un amante 10, no…mejor 11. Estoy seguro que si haces eso por mí, todas las mujeres me verán con otros ojos. Bueno, me conformo con que me vean.”
“Me parece buena idea pero… ¿Tú te has acostado alguna vez con alguien que no fuera en sueños?”
“No”
“Pues ya me dirás tú a mí de que sirve que yo diga que eres un auténtico Valentino si luego no sabes ni donde estás parado.”
…………..
“Ah, no, no me mires así que ya se lo que estás pensando y eso son dos favores.”
“Por favor, Vero, por favor, dime lo que tengo que hacer. Enséñame. Sólo 4 cositas, sólo 4. Me convertiré en el macho man de la empresa, en el empleado del mes más votado por todas las féminas.”
“¿Empezamos ya o vas a seguir presumiendo de algo que todavía no eres? Bésame.”
……………..
“Para, para, para. ¿Estás esperando a alguien?”
“No, ¿Por qué?”
”Como no paras de tocar la campanilla como un poseso. Tengo las muelas a punto de vomitar del meneo de lengua que me has metido.”
”Vale, vale. Me acordaré. No meter la lengua hasta la laringe. Y no darle vueltas como  si fuera una batidora. A ver ahora qué tal lo hago.”
“Sigue. Bésame el cuello pero no me babes, por favor. Eso es asqueroso. Tampoco es necesario que me hagas un chupetón.  La mayoría de los hombres se creen Drácula reencarnado y te marcan como si fueras una cabra. Pero yo no quiero ser una más del rebaño así que suave y con ganas.”
………………
“Empieza a quitarme la ropa. Despacio. Mírame mientras lo haces y pon cara de tonto, Te gusta lo que ves.”
“Seguro que me gusta, segurísimo.”
“Mírame,  pero recuerda lo que te he dicho de las babas, que te veo pringándome  otra vez.”
…………………..
“Pero… ¿Qué estas haciendo? Pareces un gato arañando la pared.”
”Es que no encuentro el enganche del sujetador”.
“Delante tonto. Este lo lleva delante. Llevas dos minutos clavándome las uñas en la espalda. Por un momento pensé que me lo ibas a sacar como si fuera un jersey. Si ves que no eres capaz, haz algo sexy. Gírame. Bésame el cuello mientras sutilmente entre beso y beso ves como es el cierre. No puedes pecar de inútil el primer día. A veces es gracioso, pero con la cara de tonto que vas a poner tú, te aseguro que de gracioso nada de nada.”
…………………….
“Ahora llega un momento importante. Tienes que tocarme. Quítate la camisa, anda. Te la podría quitar yo pero como estás aprendiendo hazlo tú todo. Si debajo de la ropa escondes una tableta de chocolatinas, quítala botón por botón para que una pueda recrearse la vista. Si no es así, hazlo rápido para que el impacto sea menor.”
……………………..
“Coño, pero si estás muy rico. Veo que has usado todo tu tiempo libre para algo de provecho. Esto se está poniendo interesante….”

SEGUNDA PARTE….

“Una vez llegados a este punto en el que  estamos los dos como Dios nos trajo al mundo, tienes varias posibilidades. Si quieres dejarla sin palabras siempre puedes usar esos bíceps para levantarla en volandas contra la pared.

…………….

“¡Madre de Dios! ¡Qué leche me has metido! Menos mal que sólo peso 50 kilos. Nunca hagas esto si no te ves capacitado para aguantar el tipo hasta el final. No hay nada menos sexy que tener a un hombre respirándote en la oreja como si estuviera subiendo el Tourmalet. Métete esto en la cabeza: Tú estás aquí única y exclusivamente para darme gusto a mí. Si tienes eso claro, conquistarás a la mujer que desees. Aunque ahora te parezca un poco egoísta por mi parte, con el tiempo aprenderás, que según para qué cosas, las mujeres sabemos ser muy agradecidas. Así que, si te piden que hagas el pino puente con las orejas, pues tú Nadia Comaneci. Que quiere que la lleves al Himalaya con el polvo,  pues tú Miguel de la Cuadra Salcedo.

“Entiendo. ¿Puedo meterla ya?”

“Sí, claro y todo el monte es orégano. No te jode. ¿Tú has oído alguna vez hablar de los juegos preliminares? Pues deberías saber que se llaman así  porque es ahí donde te la juegas. Que el hombre a veces sólo piense con la picha, no significa que no puedas usar otras partes de tu cuerpo. Con esas manitas y otras cositas, sorpréndeme.”

“Vale, voy. Ten paciencia.”

………………………

“¿A ti quien te ha dicho que el chichi de una mujer es como el pozo de una mina? Da por hecho que  tienen la claridad suficiente como para no agacharte ahí con ese estilo, hijo, que sólo te falta el casco de minero con la linterna.”

“¿Te gusta más así?”

……………………..

“Sí, sí, sigue. El recorrido completo me está gustando bastante más. Jajaja…A las cosquillas no les veo la necesidad y a meter la lengua en el ombligo tampoco. ¡Qué repelús! Tú acostúmbrate a hacer eso y algún día te comerás las pelusas de algún jersey.”

“Llegó el momento. Si no te gusta me paras.”

“No lo dudes.”
……………………

“Empezaste bien pero ahora… ¿Puedes dejar de llamar al timbre, por favor? Eso no tiene ni puta gracia. Un poco más suave, que sólo tengo uno y me gustaría conservarlo toda la vida.”

……………………….

“Con la lengua lo haces muy bien. Un poco más y te dejo dar rienda suelta a las caderas.”
“¿Ya puedo? ¿Cómo te gusta que te lo hagan?”
”¿Tú has visto a Chayanne moviendo las caderas cuando baila?”
“Es que yo no sé bailar”
“¿Y quien está hablando de FAMA? Tú lo que tienes que hacer es menear esa maraca. Y nunca, nunca le preguntes a una mujer: “¿Qué quieres que haga?” con cara de “hija…no hay manera de darte gusto”.  No te quepa la menor duda que si te lo tiene que explicar ella, ya buscará a otro que lo sepa de serie.”

…………………………..

“Me gusta. Para ser la primera vez lo estás haciendo muy bien…bueno…lo hacías porque intuyo que ese resoplido ha sido el final. ¡Joder!, si me descuido no me entero ni cuando la has metido.”

“Son los nervios. Entíendeme. Me emocioné.”

“Suspenso. Vuelta a empezar.”






miércoles, 15 de septiembre de 2010

A sus 50 años Don Cosme necesita encontrar una mujer que quiera compartir con él algunos momentos  de su vida…. no el resto de sus días. A su edad ya no quiere acostumbrarse a las manías de nadie. Para practicar  sexo de manera esporádica  no es necesario compartir  el mismo techo ni planchar camisas. Desde que murió su esposa hace años,  ya ha conocido varias mujeres pero todas pretendían modificar sus costumbres, la decoración de su casa…su vida en general…y todo  sin ofrecer ni siquiera un anticipo de lo que podría llegar a ser.
Desde hace días sale todas las tardes a pasear por el parque. Tiene un buen motivo. Le ha echado el ojo a una mujer de unos 40 años, con el pelo color chocolate, unos labios tentadores  y el mejor escote que ha visto en años. Se miran, sonríen,  pero todavía ninguno  ha tenido el valor necesario para acercarse al otro.
“Hoy va a ser el gran día. De hoy no pasará sin entablar conversación con ella. ¿Y si por fin he encontrado a  la mujer liberal que estoy buscando?”
Dos horas más tarde decide regresar a casa. “¿Le habrá ocurrido algo a mi mujer misteriosa? ¿Estará enferma? ¿Estará con otro? Pero si estoy celoso. No me lo puedo creer.”
De vuelta a casa  ve tirado en el suelo un guante negro de seda. Don Cosme se agacha para recogerlo. Se gira a ambos lados y no ve a nadie. Entonces escucha un pequeño ruido que no identifica. De nuevo se da la vuelta  y ve un portal entreabierto. “Aquí, entra, corre.” Escucha.
Está muy oscuro y casi no ve nada. Al entrar,  la puerta se cierra de golpe.
“¿Quién está ahí?” Pregunta don Cosme con la voz un poco temblorosa.
“¿No sabes quien soy?”  Alguien le pregunta mientras siente unas manos suaves  recorriéndole  la espalda.  
Un escalofrío le sube por  todo el cuerpo mientras la mujer misteriosa le tapa los ojos con el guante de seda que a Don Cosme se le acaba de caer de las manos.
“¿Quién eres? Podría  entrar alguien.”
“No me importa. Llevo semanas imaginándome este momento. Relájate y disfruta. Durante un rato seré el sueño de cualquier hombre.”  Cosme se gira buscando sus labios. Quiere besarla, sentir el contacto de su boca. Ya no tiene 20 años, pero sigue teniendo el mismo entusiasmo. Conserva la sensibilidad y las mismas ganas o más,  de estar con una mujer de verdad…una mujer como esa. Siempre estuvo enamorado de su mujer pero ella nunca estaba dispuesta a hacer locuras.  Llevaba años conformándose con hacer el amor una vez por semana y   precisamente por esa monotonía hacía ya tiempo que había dejado de proponerle nada nuevo. Ya sabía la respuesta: “Estás loco. Yo no soy una cualquiera.” Pero él quería eso, alguien que le sorprendiera como la mujer del parque…porque estaba seguro de que era ella.
Absorto en sus pensamientos despertó al sentir como la mujer le recorría el pecho con su lengua después de abrir cada botón de su camisa. No daba crédito. El contacto de su lengua contra la piel le estaba dejando sin respiración.  Y seguía deslizándose lentamente hacia abajo. Segundos más tarde escuchó el ruido de la cremallera de sus pantalones. Notó su respiración, ya  entrecortada. Su ritmo cardíaco se aceleraba segundo a segundo. Quería pedirle que parara pero no podía. Tantos años esperando y deseando un momento como ése. Durante unos minutos le pareció que el mundo se paraba. Notaba cada terminación nerviosa de su cuerpo. Pero cada vez que estaba a punto, ella cambiaba de maniobra y su lengua se relajaba. Imposible estar más excitado. A estas alturas ya no podía más y sólo podía pensar en el final. Pero en un arranque de locura decidió levantarla y tumbarla sobre lo peldaños de las escaleras. No le parecía buena idea. Primero porque al día siguiente les iba a doler todo el cuerpo y lo más importante, sabía que poco podía aguantar hasta el inevitable final. Y después de tanto tiempo esperando, no podía permitirse una actuación tan triste. Comenzó a acariciarle por encima del vestido. Notó que no llevaba ropa interior.
 “Hoy es mi día de suerte. A lo mejor esta mujer sabe leer el pensamiento y me ha caído del cielo para cumplir  mi mejor fantasía. ¡Dios existe!”
El vestido se deslizó hacia arriba  hasta llegar  a su cintura.
“¿Dónde tendrá los botones este maldito vestido? Me muero por hacerle el amor como un loco pero no llevo semanas soñando con ese escote para perdérmelo ahora por las prisas.”
De nuevo ella le leyó el pensamiento y se quitó el vestido lentamente hasta dejar todo su cuerpo a la vista.
“E...e…e… er…er…eres preciosa. Y yo estoy muy nervioso.”
“Cállate. No estamos aquí para hablar. Necesito que te muevas como si esta fuera la última vez que puedes hacerle el amor a una mujer.”
Don Cosme comienza a besarle el cuello suavemente y con sus manos le acaricia sin cesar. Ya no aguanta más. Ella enlaza sus piernas alrededor de su cintura mientras él se mueve lentamente en un intento por alargar el momento el máximo posible. Esboza una sonrisa de satisfacción pensando en todas las horas de gimnasio que ha hecho en los últimos meses. Ahora entiende por qué.

“Me tienes loca desde hace semanas. No pares por favor. No pares…”

Media hora más tarde Don Cosme camina de nuevo hacia su casa…solo.  Antes de entrar en ese portal tenía claro que quería a  alguien sólo  para compartir sexo de manera esporádica  pero ahora…ya no estaba tan claro que pudiera olvidar su boca.”





           


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