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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

Mostrando entradas con la etiqueta cariño. Mostrar todas las entradas
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jueves, 27 de mayo de 2010

Fui a un colegio de monjas. Las recuerdo como  señoras finas, educadas, con un culo desproporcionado comparado  con el resto de su cuerpo (las de mi generación se ve que rezaban más tiempo sentadas que de rodillas), atentando siempre contra la capa de ozono a juzgar por la cantidad de laca Nelly que llevaban en la cabeza, con un rictus a lo Esperanza Aguirre que te sonríe como la Mona Lisa pero sin mona, como si te estuviera deseando la muerte en todo momento.

Yo soy más de cagarme en la madre de uno directamente y ellas más de te sonrío, te doy una palmadita y después te digo lo hijo puta que eres pero todo con buenas palabras y cariño, mucho cariño.

La Carreño no era de esas. No recuerdo ni una buena palabra que saliera por su boca con aliento a  mandarina. Profesora de latín. Vestida siempre con un vestido de cierto pelo rojo de manga corta y un jersey cuello cisne con las  mangas a la altura del codo. “No se puede despilfarrar”. Decía constantemente. Siguiendo esa  línea de la austeridad, usaba  la misma libretita (7x7 centímetros) para anotar las notas de todos los alumnos del colegio. En cada página una clase entera y cada año lo borraba todo y vuelta a empezar. Así llevaba 20 años. Por supuesto casi nunca acertaba a poner la nota en el alumno correcto y si protestabas su única respuesta era: “No me repliques”. Y si hacías el ademán de hacerle razonar, su segunda respuesta era: “Te voy a poner un cero cuadrado para que cuando lo vea  en la libretita sepa que hiciste algo muy gordo”. Y por desgracia en ese no se equivocaba de línea. Ya tenías dos.

Podrían  haberle adjudicado  un sillón en la Real Academia de la Lengua a juzgar por todas los adjetivos que usaba para describirnos: “Pelelas, irreflexivas, groseras, barriobajeras, despistadas, veletas, rebeldes, loras, tornadizas, indisciplinadas, arbolarias, aventadas, osadas, atrevidas, descocadas, infelices, inocentes, desobedientes, irresponsables, frivolonas, brujas, monas, distraídas, peste, lanzadas, alocadas, verdularias, oreadas, pajareteras, egregias, bolígrafas, maníacas, cuan locas, derrochonas, dilapidadoras”…ahí es nada…la riqueza de su vocabulario y mi memoria. Han pasado ya 22 años… ¿Seguirá con el mismo vestido?

viernes, 7 de mayo de 2010

Hace 10 años tomé la decisión de viajar a Honduras. Quería vivir de otra manera, otras experiencias, conocer otra cultura, otra forma de vida. Todo eso lo conseguí y antes de lo que pensaba. No había bajado del tren que me llevaba al aeropuerto y un hombre me dio 30 euros. Por un momento tuve que pensar si había hecho algo con él y no me acordaba (viajar de noche es lo que tiene). Pero no…sólo se le había caído la cabeza sobre mi hombro un par de veces y la mano en la rodilla otras tantas. Si llegamos a echar un polvo me da una pasta…

Tuve que dormir en el aeropuerto de Miami hasta el día siguiente. Y ahí conocí a un mejicano. Una persona de esas a las que hay que darles una leche para que hablen y 100 para que se callen, así que no pegué ojo y antes del amanecer recibí mi primera proposición de matrimonio. Con lo que a mí me gusta una boda…

Y aterrizamos en la pista más pequeña del mundo. Con semáforo y todo en medio de la ciudad para que no pasen los coches cuando llega un avión. Allí me esperaba mi amigo Ramón. El padre Ramón. Igual que un niño de San Ildefonso. Para cerrar la maleta había tenido que subirme encima y ahora una mujer se disponía a abrirla. ¡Nooo, Dios mío! ¿Por qué tuve que dejar toda la ropa interior para el último momento? Menudo despliegue de bragas y sujetadores. El, sin saber para donde mirar y yo “tierra, trágame”. Claro que hubiera sido mucho peor si hubiera dejado encima las botellas de chupito y el jamón. Igual que Paco Martínez Soria

sábado, 24 de abril de 2010

La gente que me conoce dice que soy una rancia. Puede ser. No entiendo muy bien la necesidad que tienen muchas personas de besarse cada vez que se ven. O la gente que te toca con cualquier excusa. Me provoca ansiedad cuando alguien se me acerca e invade mi espacio sin pedir permiso. Me sube una cosa por el estómago que hace que mis hombros se mueven sin control. “Quita tus pezuñas de encima de mí”.

Mis hijas evidentemente son igual de rancias o más que yo y yo las aplaudo. Besan y abrazan a los que tienen que besar y abrazar. Tan pequeñas y ya tienen la capacidad de discernir entre besar a lo tonto y hacerlo con sentimiento.


Un niño entra en una tienda y escucha sin parar: “No toques eso”. Si a los niños les prohibimos tocarlo todo, ¿porque ellos tienen que aguantar y poner buena cara cuando una señora se les acerca, les coge de los cachetes y les dice: “¡Ay, qué guapa!”? Y todavía peor, cuando su madre dice: “Dale un besito a la señora”. ¿Por qué los niños tienen que besar a desconocidos que les tocan con manos que a saber qué han tocado antes? ¿Para dejar a los padres en buen lugar? No tengo la menor duda que si los niños pudieran elegir, llevarían un cartel que dijera: “No se toca” colgado del cuello.


Yo me siento bien cuando mis hijas dicen que no, o cuando se limpian si ya les han plantado el beso. Igualitas que mamá.

Si alguien no opina igual y tiene falta de cariño, se puede comprar un chucho…o una cabra. Se las vendo. Mi novio tiene unas cuantas.

martes, 20 de abril de 2010




Si estás estancada en una de esas relaciones que consiste básicamente en mirar al teléfono esperando a que suene. Déjalo ya. Es destructivo y tu tiempo irrecuperable.


En la vida ante todo hay que ser práctico. Hazte siempre la misma pregunta: “Si mañana me muero, ¿Qué hice hoy?”. Si la respuesta es: “Hablarle al teléfono y decirle que suene” no sabes usar tu preciado tiempo. No te engañes. Los milagros ni en Lourdes.



Cuando nos enamoramos vemos menos que un gato de escayola pero alguien que no te llama o nunca tiene tiempo para verte, no te quiere. Si de algo estoy segura es de que el que no come en casa está comiendo de restaurante. Para algunas cosas no pasan hambre ni en África.

Como para cualquier adicto a algo, lo más difícil será reconocer que no te quiere pero eso es como cuando te depilas, cuanto más rápido lo hagas, menos tiempo te duele.



Hay que aspirar a levantarse cada mañana con alguien que se despierte todos los días “entusiasmado”, y que antes de abrir los ojos ya te diga lo rica que estás. El cariño no se puede mendigar. O te lo dan o no te lo dan pero no se pide. Y si no te lo da uno, ya te lo dará otro.


No te equivoques, donde estaba ése, había más…y mejores…y a muchos los puedes catar sin sentir que te hacen un favor. Y todo eso no te lo puede dar el teléfono. Deja de mirarlo.

sábado, 17 de abril de 2010



Nunca me canso de hacer el ridículo. Aquí va un ejemplo más de mi capacidad innata para que la gente se ría de mí...

Hace un año mi hermano abrió un bar y unas semanas antes reunió a unos cuantos amigos en su casa para celebrar un concurso de tapas. Ese día me levanté con la seguridad de que iba a triunfar. Nadie se resiste a una buena ensalada de pasta. Los problemillas surgieron 5 minutos más tarde cuando me di cuenta que sólo tenía macarrones de los de toda la vida y poca cosa más.

Encontré unos tomates que corté en cuadraditos y para hacer salsa rosa resultó que no tenía ni tomate ni mayonesa así me presenté en casa de mi hermano muy puntual con una cazuela de dos kilos de macarrones con ketchup y trocitos de tomate. Fuimos los primeros en llegar y coloqué los macarrones en unas bandejitas pequeñas preocupada porque seguro que no había suficientes para todo el mundo. El resto de los invitados fueron llegando y desde el sofá en el que estábamos sentados vimos desfilar unas tapas que ni el rincón del gourmet del Corte Inglés.

La cara de mi novio era un poema. Cuando mi cuñada sacó unos dátiles rellenos de foie y espolvoreados con cacahuetes, mi novio me susurró: “Cariño, ¿no será mejor que lleve la cazuela al coche donde nadie pueda verla?”. “¿Te estas avergonzando de mí? Además no tienen por qué saber que son nuestros”. Le dije y seguí comiendo. Todos los platos se fueron vaciando poco a poco y mis macarrones seguían allí, intactos y cada vez más secos. Llegó el momento de las votaciones. Todo muy profesional. Y escuché al listo de mi hermano pequeño: “Yo creo que podíamos votar primero cual es el que no le ha gustado a nadie. Seguro que en eso hay unanimidad” Y mirándome directamente me dijo con sorna: “No te enfades que sabemos que esta cutrez sólo puede ser tuya”.

Estuve una semana comiendo macarrones. Puede que no triunfaran pero la comida no se tira. Me cagüen tanto Arguiñano y tanta delicatessen.

jueves, 15 de abril de 2010





¿Cuántas madres de las conocéis os hacen sentir que como madres os merecéis un cinco raspaó? Seguro que ya tenéis algunas en mente.

Yo tengo una compañera de trabajo que despierta a su hija por las mañanas ¡¡¡con música clásica!!! En mi casa lo único que se escucha a esas horas es: “¡Como no te levantes y te vistas ya, te arranco la cabeza!”.


Mi madre sin ir más lejos es el ejemplo perfecto. Cuando yo era pequeña, antes de ir al colegio dejaba las bragas y los calcetines en el cesto de la ropa sucia y cuando llegaba por la tarde estaban en el cajón de mi mesita, limpios, planchados y oliendo a rosas. Pero, ¿Qué suavizante usan las madres de antes para que la ropa que lavan ellas huela de maravilla? Yo plancho una vez al mes, la mitad de las veces se me olvida la ropa en la lavadora de un día para otro y mis hijas no han visto unas bragas planchadas en la vida…ah, sí, cuando eran más pequeñas y se hacían pis encima, en casa de mi madre.



Hay madres que tienen un planning de actividades para hacer cada día. Lunes parque, martes papiroflexia, miércoles natación, jueves marionetas….y así sucesivamente y sin descanso. Mis hijas se acoplan a mi planning, limpiamos, fregamos, cocinamos, hacemos recados varios. Todo muy didáctico.

Y ¿qué me decís de todas esas madres que nunca levantan el tono de voz y todo lo dicen muuuuuy suave? Mi novio dice que yo soy más rústica que bailarina con botas ortopédicas así que imaginaros...

¿Y las madres que están convencidas que sus únicas alegrías son las alegrías de sus hijos?, y ¿las que sólo saben hablar de niños, mocos, lactancia…?

A todas ellas las englobo dentro del grupo: “Nacidas para ser madres en la vida”. Tengo envidia sana de muchas de sus cualidades, pero no pertenezco a ese grupo. No sé si llego al 5 pero mis hijas también me quieren.

¡Colabora!