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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

Mostrando entradas con la etiqueta cena de Navidad. Mostrar todas las entradas
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martes, 28 de diciembre de 2010

Si alguien me preguntara qué recuerdos me trae la Nochebuena diría que el de mi abuela cocinando desde por la mañana y ese olor indescriptiblemente jugoso y apetitoso que salía de la cocina cuando llegabas a la cena. ¡Cuánto amor en esas cazuelas!  Los años han pasado. Por desgracia ella ya no está para cocinar y ahora su nieta corre por los pasillos de los supermercados buscando todos los precocinados  con aspecto de delicatessen,  a ser posible de los que no dejan ningún olor en casa una vez te los has comido. Pero entre Ferrán Adriá  y el McDonalds  hay muchos “restaurantes”  intermedios…Primera opción: Mi madre. Menú tradicional (sopa, langostinos y cordero, todo muy bien cocinado). Segunda opción: Otra madre (patatas fritas con aceitunas y ganchillos, fritos de bolsa como para una boda, sopa de sobre, carne, langostinos,  latas de melocotón en almíbar y piña fresca como la  guinda sofisticada  de todo el menú). Tercera opción: Otra madre (Todo el surtido de quesos existentes en el mercado, trozo de carne desconocido  al horno después de sacar todas las sartenes que lo ocupan desde la última Nochebuena, y turrones). Cuarta opción: Última madre: 7 primeros, 7 segundos, 7 postres y menú personalizado para cada invitado. (Las 4 de la mañana y los comensales a punto de ir a urgencias sin haber llegado aún al postre.)
Y esto después de sondear sólo a 4 personas…
Si en la comida hay gustos para todos, hay tradiciones que no cambian nunca y en esa coincidimos todos.  Salir a beber champán con los amigos por la tarde, exaltación de la amistad después de 3 copas, besos y abrazos de despedida a gente que casi ni conoces (¡¡de los de palmada en la espalda!!) sentimientos de bondad que afloran sólo en esta noche, gente que canta villancicos a los que les arrearías con la botella de anís en al cabeza, poner de mala hostia a tu madre según te ve entrar por la puerta de lado a lado, intentos infructuosos por no dormirte encima del plato, comer como si acabaras de salir de una huelga de hambre…¿Alguien da más?

martes, 23 de noviembre de 2010

Mi irrepetible e inigualable amiga Helena dice que toda mujer de verdad debería tener una boa de plumas, así que para mi cumpleaños me regaló una de plumas color rojo puta,  ideal para actuar en el Folies Bergere.
Estoy barajando la posibilidad de llevarla a la  cena de empresa de Navidad. He oído que va a haber lentejuelas, palabras de honor (que nombre tan tonto para un escote), tacones de aguja… ¿Y los hombres? ¿Sacarán brillo a sus zapatos de charol o cambiarán los cordones de sus  habituales playeros por unos de color dorado burbuja freixenet? En realidad,  da igual el diseñador que elijan  porque al igual que en todas  las bodas, nadie se fijará en los “novios”.
El lema de toda celebración de este tipo no varía: “Antes muerta que sencilla”. La que ya sabíamos todos que estaba buenísima, pasará desapercibida. Al fin y al cabo es un día más en el que está que se sale. Pero…dice mi amigo Gustavo que las que cuentan de verdad  son “las vecinitas”, esas que han pasado una y mil veces por delante de ti y en las que tú  nunca has reparado. Pero  llega una cena de empresa y dices: “Joder, con la vecinita. Menudo culo.” Desde ese momento no puedes dejar de pensar en la vecinita, en su culo y en esas tetas tan bien puestas que hasta ahora siempre llevaba camufladas bajo un jersey de lana gorda. A partir de ese momento, las que están tremendas ya han pasado a un segundo plano. A fin de cuentas ya antes las considerabas  diosas inalcanzables. Pero la vecinita es tan cercana… ¡Y encima la tía es simpática, joder!
La gente empieza a beber y “los palabra de honor” que en un principio eran muy glamurosos,  empiezan a decaer. Las que salieron con las pinturas de guerra de los sioux se van pareciendo cada vez más a la bruja Lola. Los hombres a partir de las 3 de la mañana ya nos ven guapas a todas sin distinción. A las 4 llega  la hora de la exaltación de la amistad y a partir de ahí… fuera el protocolo.
Lo peor: La gente que al día siguiente cuelga las fotos del delito en el facebook.
Lo mejor: Lo bien que nos lo pasamos todos por una noche a pesar de todos los telares que preparamos todos los días.



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