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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

Mostrando entradas con la etiqueta ridiculo. Mostrar todas las entradas
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viernes, 3 de septiembre de 2010

No creo que todavía quede  algún iluso  que piense que en un mes a mí no me da  tiempo a hacer el ridículo en innumerables  ocasiones y tratándose de mi,  agosto puede ser un mes tan fructífero como cualquier otro.
Yo,   es oír las palabras “Fiestas de pueblo, la era o el praó” y calzarme las plataformas de 12 centímetros. Dicen  que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y luego está Rosa que puede tropezar 3 y 4 y 5…
Si en las fiestas de La Red de Valdetuejar  partí las sandalias por la mitad jugando a la búsqueda del tesoro http://porsihastenidounmaldia.blogspot.com/2010_07_26_archive.html
En las de Robles de la Valcueva  no podía pasar desapercibida. Mi prima me dijo: “Con esas sandalias no vayas caminando hasta la Ermita. Lleva el coche y lo dejas en el praó que hay allí.” El problema no fue llegar. El número fue al salir.
“¿Por donde salimos, Rosa?” (Este es mi novio que el pobre siempre tiene que sufrir y padecer mi retraso)
“¿Por dónde vamos a salir, Dani? Pues por donde entramos.” (Alguna vez alguien debería darme una patada en la espinilla antes de abrir la boca)
“Lo que tú digas pero por donde entramos cariño sólo cabe un coche en una única dirección.”
“Sí, claro, seguro, pero ¡Qué listo eres!”

Salimos del praó. El camino de tierra hasta la carretera principal tendría unos 800 metros. Cuando llevábamos 400 vimos venir un coche de frente. Noté que la gente que iba caminando por la orilla nos miraba con esa cara de: Ya están los tontos de turno en dirección contraria.
“Así que se salía por donde se entraba, ¿Verdad Rosa?”
“Uy, Pues va a ser que no. ¿Puedes dar marcha atrás?”
“Marcha atrás, marcha atrás. Djfkjdfjfñjfdlsf adfajdf adfasdfa.”

400 metros marcha atrás sin despeinarse por todo aquel pedregal. Pensar que yo cada vez que doy marcha atrás con el coche para aparcarlo ya no soy capaz de dejarlo recto. (Verle hacer ese tipo de cosas me pone como una moto pero claro con la que estábamos preparando no era plan de ponernos allí dale que te pego mientras la cola de los coches que venían de frente ya no tenía fin. Claro que ahora que lo pienso habría sido un puntazo. Para la próxima…)

“Rosa, baja que me acuerdo perfectamente que antes de entrar en el praó había una zanja a los lados y no quiero que el coche caiga dentro.”
“Jolina, ¿Cómo se va a caer en la zanja? Vale, espera.”

Bajé del coche (para entonces ya teníamos público) y subida en mis tacones me coloqué al lado de la zanja para indicarle.

“Tira, tira, que pasas de sobra.”

Me maravilla lo inocente que es mi novio a veces que todavía se fía de mí en estos casos.

“¡La zanja! ¡La zanja!”
“Pero, ¿Por qué cojones grita la gente? Uy cariño…pero si también había  una zanja por el otro lado.

PLONG.

“Me cagüen tó lo que se menea, la Virgen María, todos los santos fajñdsfkjadafdfadf
dadfadfadfasdf.”

 Ya había más gente viendo nuestro espectáculo que el de la paella, los juegos para niños o los pendones. Media hora más tarde llegamos a casa de mi prima.

“¡Qué tarde venís! Bueno, no me extraña. Pasaban ahora por ahí unos diciendo que llegaba la cola de coches para entrar en el praó hasta la carretera principal.”

Mi novio me miró y no hizo falta que me dijera nada. No entiendo por qué me tienen que pasar estas cosas a mí y encima siempre con el coche de mi exmarido. A lo mejor el gafe es él y no tiene nada que ver conmigo.



lunes, 24 de mayo de 2010

Fin de semana en un  pueblo de la montaña, sin cobertura, sin Internet, sin bares, rodeada de gente de la de antes,  de esa que cree que lo sabe todo y te trata como si fueras un inepto.
 En resumen…tus padres. Pero ¡Qué listos son! Hay mucha diferencia entre decir de alguien que es listo a decir que es un listo. Ellos simplemente entran en el grupo de los que creen que tú eres memo, que no se explican cómo tus hijas no están desnutridas porque no meriendan  a las 5 en punto, hora del día a la que a mi madre se le activa una   alarma en el cerebro y se para el mundo.
Mi novio dice que él no merendó nunca así que  mi madre debe de pensar que el pobre tuvo una infancia muy triste. Si a esto le sumamos que se le cayó el tronco de un árbol  en la pierna y a mi padre sólo se le ocurrió decir: “Anda que estás tú para ir con cabras” en lugar de ver si se la había roto… ¡Qué rápido se le ha olvidado que mi abuela hacia todo lo posible porque él no se enterara cuando había que arreglar algo en su casa! Y todo por una tontería de nada...Se empeño en cambiar el bombín de la puerta de la  entrada y cuando vio que a fuerza de martillazos  no podía, mi abuela tuvo que poner una puerta nueva.  Eso sin contar la vez que  quiso cambiar un dormitorio de habitación y como no entraba por la puerta tuvo la genial idea de serrar la mesita para separarla de la cama. ¡Quedaba tan  bonita aquella mesita con el canto  todo mellado al aire!

Y mi madre. ¿Qué puedo decir? Tengo 38 años y todavía me riñe porque no friego los platos con agua a 35 grados. Yo creo que piensa  que cocinamos con grasa de taller de coches en lugar de aceite. Menos mal que uso guantes…

sábado, 17 de abril de 2010



Nunca me canso de hacer el ridículo. Aquí va un ejemplo más de mi capacidad innata para que la gente se ría de mí...

Hace un año mi hermano abrió un bar y unas semanas antes reunió a unos cuantos amigos en su casa para celebrar un concurso de tapas. Ese día me levanté con la seguridad de que iba a triunfar. Nadie se resiste a una buena ensalada de pasta. Los problemillas surgieron 5 minutos más tarde cuando me di cuenta que sólo tenía macarrones de los de toda la vida y poca cosa más.

Encontré unos tomates que corté en cuadraditos y para hacer salsa rosa resultó que no tenía ni tomate ni mayonesa así me presenté en casa de mi hermano muy puntual con una cazuela de dos kilos de macarrones con ketchup y trocitos de tomate. Fuimos los primeros en llegar y coloqué los macarrones en unas bandejitas pequeñas preocupada porque seguro que no había suficientes para todo el mundo. El resto de los invitados fueron llegando y desde el sofá en el que estábamos sentados vimos desfilar unas tapas que ni el rincón del gourmet del Corte Inglés.

La cara de mi novio era un poema. Cuando mi cuñada sacó unos dátiles rellenos de foie y espolvoreados con cacahuetes, mi novio me susurró: “Cariño, ¿no será mejor que lleve la cazuela al coche donde nadie pueda verla?”. “¿Te estas avergonzando de mí? Además no tienen por qué saber que son nuestros”. Le dije y seguí comiendo. Todos los platos se fueron vaciando poco a poco y mis macarrones seguían allí, intactos y cada vez más secos. Llegó el momento de las votaciones. Todo muy profesional. Y escuché al listo de mi hermano pequeño: “Yo creo que podíamos votar primero cual es el que no le ha gustado a nadie. Seguro que en eso hay unanimidad” Y mirándome directamente me dijo con sorna: “No te enfades que sabemos que esta cutrez sólo puede ser tuya”.

Estuve una semana comiendo macarrones. Puede que no triunfaran pero la comida no se tira. Me cagüen tanto Arguiñano y tanta delicatessen.

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