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¿Cuántas veces has dicho “Ya no puede pasarme nada peor” y te has equivocado? ¿Cuántas veces has dicho: “Algún día me reiré de esto…pasará mucho tiempo pero terminaré viéndole la gracia”?


Si has tenido un mal día, si crees que ya no puede pasarte nada peor o todavía no has olvidado eso de lo que tardarás mucho en reírte, entra en este blog y comprobarás que no eres el único. La idea no es consolarse con las “desgracias” ajenas, sino aprender a reirse de lo que haya podido convertir tu día en un infierno.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

Erase una vez una niña llamada Valentina. Era una niña encantadora y cariñosa que no daba un ruido hasta que un día…

“¡Hoy viene la tata!, ¡Hoy viene la tata!”

Aparentemente Valentina estaba muy feliz pero…después de los primeros besos y abrazos del reencuentro se dio cuenta que no todo era tan bonito como parecía,   que no todas las atenciones eran para ella y pensó: “¡Pues vaya caca!, Me encanta que estés aquí pero tú a mí no me quitas protagonismo, guapinina.”
Desde entonces todos somos “tontos”. Sus palabras favoritas son: “No quiero”, “Recoge tú”, “Ya no te quiero nunca más” y  “Eres malísima”.  Ha protagonizado escenas tan entrañables como: “¿Me sale sangre, tata?” (Esto mientras acerca las tijeras a su boca cansada de recortar papelitos), o decide sacudir  sus zapatos llenos  de arena por la ventana de su habitación con medio cuerpo fuera. Por supuesto,  no entiende los castigos porque todo “¡HA FUIDO CULPA DE LA TATA! y ¡YO NO HE FUIDO!

¿Qué será peor? Tener celos de tu hermano pequeño y estar un poco amargado porque nadie te presta atención  o tener celos de tu hermano mayor y convertirte en una bestia parda como la adorable Valentina

miércoles, 9 de junio de 2010

En la entrada de ayer hablamos  del  negocio de uno de mis hermanos. Tengo más. Otro tiene un bar (El Rincón del Valle en Av. Padre Isla, 43, León).  Este no necesita mucha publi porque la hostelería es lo único que siempre está en auge…eso y el porno pero de eso, a día de hoy, no hay ningún negocio en la familia.

El bar de mi hermano es de esos en los que entras a las 8 de la tarde a tomarte una cervecita y cuando te das cuenta te están invitando a desalojar el garito a las 5 de la mañana.  Eso fue lo que me pasó a mí una noche…fatal…mi comportamiento deplorable… Todavía a día de hoy no sé cómo no acabé encerrada en Mansilla (la cárcel de León para los lectores que no sean de aquí).

La noche empezó tomando unas Desperado, que es una cerveza con tequila muy peligrosa que tomas y tomas sin darte cuenta  pero cuando te levantas, notas que no las has digerido todas y  atacan a tu cerebro sin piedad. Sin darnos cuenta eran las 5 de la  mañana. Según mi hermano,  mi amiga Almudena intentó  entrar por el maletero. Yo no suelo aparcar muy cerca de  la acera así que  supuestamente pegué tal salto de la acera a la puerta del coche que parecía estar haciendo el salto del cisne… con la hostia correspondiente claro.  Primero dejé a mi amiga María José en casa y después a Almudena. El problema más gordo fue cuando, después de un momento de amnesia  transitoria, se me olvidó que  ya había dejado a María José. Así que aparqué de nuevo en su casa y dije: “Ala, María José, baja.” Miré para el asiento de al lado.  
¡Hostias!¿Dónde está María José?. Mi cabeza empezó a  girar y  girar. ¿Dónde se habrá quedado esta mujer? ¿Estará  encerrada en el baño del bar y cerramos el garito con ella dentro? Mientras más lo pensaba, más a lo tonto seguía conduciendo…  hasta que de repente un coche de la policía paró a la altura del mío y me hizo señas para que bajara la ventanilla. Yo muy obediente la bajé. Llegados a ese punto ¿Qué otra cosa podía hacer?...A lo mejor sabían dónde estaba María José.
“Señorita, ¿Hay alguna razón por la  que  se haya saltado usted  todos los semáforos en rojo?”
“¿¿¿¿¿¿¿¿¿Yor, zeñor agenter????????? No zoy conscriente de habel heso eso que uster  me dice. Lo sientol  muchírsimo” Se miraron; me miraron; yo miré el semáforo que había delante y dije: “Uy, se ha puesto verde. Adiós.” Y arranqué antes de darles tiempo a reaccionar. Después de semejante trance se me pasó  toda la tontería que tenía encima. O eso creía yo…

 Llegué a casa, desperté a mi novio para preguntarle si sabía dónde estaba  María José y como no tenía ni idea (en realidad  me mandó a freír churros), le pedí que me parara la habitación para poder enviarle un sms. Necesitaba saber si seguía en el baño. El sms  decía lo siguiente: dfadfaeiraonvn.


domingo, 9 de mayo de 2010

Después de mi divorcio compartí piso con mi hermana pequeña. A los pocos días  de mudarnos a un sitio precioso en el centro averiguamos por casualidad que antes había sido una casa de citas.

Un día llamaron al timbre y al abrir la puerta vestida con una camisola de verano transparente  apareció en el umbral de la puerta un hombre altísimo. Sin darme tiempo a reaccionar dio tres pasos hacia delante y yo otros tantos hacia atrás.

“¿Qué quería?” Pregunté. Me miró sorprendido y dijo muy bajito: “Ya sabes…lo del anuncio”.
“¿Qué anuncio?”. Pregunté con cara de idiota. “El anuncio...” Dijo mirándome al escote con cara de salido. En ese momento mi hermana que había estado observando la escena  desde la puerta de su habitación  dijo: “Para tu información,  esta es una casa cualquiera. Y se lo vas diciendo a tus amigos.”.

El hombre abrió los ojos como platos. “¿En qué que quedamos? ¿Aquella sabe lo del anuncio y tú te haces la tonta?” Miré para mi hermana con cara de asesina: “Casa cualquiera”. ¿No podía haber usado otras palabras?

Gracias a Dios mi novio apareció en medio del pasillo que en ese momento ya parecía el metro en hora punta, miró para mi camisola con cara de espanto, para mi hermana que tampoco llevaba mucha ropa encima y para el armario empotrado que teníamos en medio del pasillo. “¿Qué pasa aquí?”. El hombre no sé si pensó que era otro cliente,  si estábamos todos locos pero el negocio discreto no le debió de parecer porque acto seguido se giró y salió a paso acelerado.


Me cayó una bronca que seguro cuando lea esto se acuerda otra vez y me la vuelve a echar. Y a mi hermana le cayó otra por lerda. Según se fue el hombre dijo: “Ahora entiendo por qué el otro día había un tío en casa. Estaba esperando a Nuria. Oí el timbre, abrí abajo y me metí en la ducha. Cuando entró  grité: “Ya salgo”. Y cuando salí había un hombre esperando en la entrada. Grité tanto que salió corriendo. (Mi hermana tiene un tono de  voz mil decibelios por encima del resto de los humanos  así que es comprensible que el hombre huyera espantado”.

Si lo pienso fríamente son varias las veces que me han ofrecido dinerín por hacer cositas. La del tren, ésta que os he contado y ahora que lo recuerdo una vez un mudo me hizo unos gestos muy obscenos con el dedo mientras sujetaba unos billetes en la otra mano. ¡Qué sospechoso es todo! Tengo que reflexionar.

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